Del sanatorio a la escuela-hogar de Sierra Espuña

Un reportaje por Laura Sánchez

La zona alhameña de Sierra Espuña guarda un viejo edificio abandonado que es conocido por ser un antiguo hospital para tuberculosos.

Se cree que este edificio está encantado desde que tuvo un cierto protagonismo en el programa de televisión Cuarto Milenio en el que se aseguraba que las almas de los pacientes vagan por aquellas paredes del hospital abandonado. A partir de ahí, han surgido numerosas investigaciones como la que llevó a cabo la Sociedad Española de Investigaciones Parapsicológicas (SEIP).

La “leyenda” de este preventorio también ha llegado ser la protagonista de un trabajo universitario realizado hace dos años por alumnos del Grado en Comunicación Audiovisual de la Universidad de Murcia. Ese trabajo consistía en realizar un reportaje audiovisual con la intención de superar la asignatura de periodismo audiovisual. En él se utilizan recreaciones, imágenes sacadas de archivo y los testimonios de un cronista de Alhama, una veraneante en la pedanía de El Berro, el SEIP y un habitante de El Berro.

Gracias a estos rumores, el Sanatorio de Sierra Espuña se ha convertido en un referente turístico del municipio alhameño, a pesar de tener prohibido el acceso al hospital abandonado. Pero, ¿fue siempre un sanatorio para tuberculosos?

Los alumnos del Instituto Nacional de 2ª enseñanza de Murcia fueron a visitar el sanatorio de Sierra Espuña en el curso 1933-1934

Los alumnos del Instituto Nacional de 2ª enseñanza de Murcia fueron a visitar el sanatorio de Sierra Espuña en el curso 1933-1934 (imagen sacada del Archivo General de la Región de Murcia, documento: IAX 1308/41,1).

Al descubrir una cura para la tuberculosis, el número de enfermos se redujo. Sin embargo, los gastos seguían siendo igual de altos, así que se decidió cerrar el hospital y trasladar a los tuberculosos que quedaban a Albacete. El Ministerio de Sanidad cedió el edificio al Ministerio de Educación y Ciencia con el fin de evitar que éste quedase en desuso y lo convirtió en una escuela-hogar para escolarizar a los alumnos que viviesen a más de 3 kilómetros de distancia de una escuela. Un profesor de la escuela-hogar, Tomás Martínez Rubio, entró a trabajar al centro en el año 1973 y permaneció allí durante dos años.

Uno de los alumnos de Tomás, Pedro José Rubio Miras, recuerda que una de esas actividades consistía en plantar una pequeña porción de tierra que le asignaban y cuidarla como si se tratase de su propio huerto. Además, existía un día matanza que se consideraba festivo en la escuela.

El pasillo que llevaba al comedor de la escuela

El pasillo que llevaba al comedor de la escuela

La escuela-hogar tenía funcionamiento en las dos primeras plantas de edificio, ya que la torre se habilitó para que el director viviese allí. En la primera planta estaban las habitaciones de los alumnos (en las que se podían ver nueve literas de dos cuerpos en cada una de ellas), las clases, un comedor, el despacho del director y la secretaría donde un verdugo ejercía de secretario. En la planta de arriba solo se encontraban las habitaciones de los profesores. También había un sótano en que había unas galerías que llevaban a la cocina, una lavandería para que los alumnos se lavasen la ropa, un minibar y una despensa. Esta escuela estaba abierta todo el año a excepción de los períodos de vacaciones en los que los alumnos volvían con sus familias.

Esuela-hogar en la actualidad

Escuela-hogar en la actualidad

Esta es la Escuela-hogar en año 1982, pocos años antes de ser rehabilitado como albergue juvenil

Esta es la Escuela-hogar en año 1982, pocos años antes de ser rehabilitado como albergue juvenil

También se estuvo utilizando durante el período de vacaciones de verano para realizar colonias y campamentos.

Lugar en el que se hacían las hogueras para las colonias y los campamentos de verano.

Lugar en el que se hacían las hogueras para las colonias y los campamentos de verano.

El internado fue el hogar de muchos alumnos de Alhama, Totana y de otras muchas ciudades de la Región de Murcia. Así lo afirman los profesores José Crespo y Tomás Martínez:

Al aparecer el transporte escolar para las escuelas comarcales, el edificio se convirtió en un enorme gasto para el Ministerio de Educación. La escuela-hogar tenía los días contados. Aunque en los años 80 se rehabilitó para convertirse en un albergue juvenil y volver a echar el cierre en el año 1995. En la actualidad, el edificio permanece abandonado en medio de la sierra y su estado ha ido empeorando con los años. El acceso a él esta prohibido, debido a que se encuentra en un estado tan crítico que supone un peligro para las personas que entren en él.


¿Pero qué pasa con los rumores? ¿Existían cuando la escuela estaba en funcionamiento? ¿Son o no son ciertos? José Crespo no duda un segundo en desmentir estos rumores:

“Eso es mentira. Esos ruidos que se oyen venían del cristal de una ventana que tenía un defecto de fabricación y no cerraba bien.”

Tomás Martínez coincide con la declaración de su antiguo compañero y cuenta que él mismo tuvo que usar clavos para cerrar esa ventana y que no se volviese a abrir. ¿Pero que dicen los alumnos de aquel colegio? Los hermanos Rubio Miras estuvieron estudiando allí durante un año tras volver de Francia. Feliciano tenía diez años y su hermano menor, Pedro José, nueve. Cultura Bajo el Sol Murciano ha hablado con ellos y ha conseguido unas grabaciones con sus opiniones sobre estos rumores:

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Café Asiático

Un artículo por Mª Dolores Fernández Cabeo

asiatico

Si eres de Cartagena o has ido alguna vez a la ciudad probablemente te hayas sentado a tomarte un café asiático o “asiático” a secas. Pero seguro que no te has preguntado de dónde viene esta exótica bebida.

La historia se remonta a los años de 1920 – 1930 cuando los pescadores llevaban consigo muy poco café, debido a la escasez de recursos, coñac y leche. Todo esto lo mezclaban, dando el alcohol el calor necesario para soportar las duras noches a la intemperie o los días más lluviosos en la proa. En un principio el nombre de esta bebida era el de “ruso” pero éste cambió rápidamente al  de “asiático” ya que el primero incluía unas connotaciones relacionadas con la Unión Soviética, por lo que no se quería que este producto se asociase con algo revolucionario y no compartido por muchos. La idea era que fuese algo por lo que relajarse y calentarse en invierno y a la vez un disfrute interno.

Más tarde se popularizó a través del bar Pedrín en El Albujón (Cartagena). Desde entonces la localidad intenta mantenerlo vivo como símbolo de atractivo turístico para visitantes y residentes. Toda una tradición que pasará de generación en generación. ¿Listo para leernos mientras te tomas una tacita de este delicioso oro negro